
30 años con un punto rojo en el drilling
Cuando Kenneth Andersson empezó a utilizar una mira Aimpoint en su drilling en la década de 1990, aquello llamó bastante la atención. Treinta años y entre 30.000 y 35.000 disparos después, nunca ha vuelto atrás.

Kenneth caza desde niño en el suroeste de Escania. Su drilling – un arma combinada de tres cañones, con dos cañones lisos y un cañón estriado – es su elección natural para todo, desde aves de caza y corzo hasta gamo, jabalí y zorro. También lo lleva al campo de tiro al plato, donde entrena con exactamente la misma arma que utiliza para cazar.
“Pero entonces, por supuesto, no llevo munición para el cañón estriado”, dice.
Compró su primera mira Aimpoint en 1995, después de ver a otro cazador utilizar una mira de punto rojo en un drilling durante una cacería en Småland.
“Me pareció mucho más fácil. El punto rojo me daba una imagen de puntería completamente distinta.”
Esa sigue siendo su explicación más sencilla. La mira no hace el trabajo por el tirador: hacen falta entrenamiento, un encare correcto y repetición. Pero cuando el ojo, el arma y el blanco trabajan juntos, el punto pasa a formar parte del movimiento.
“El punto se convierte en una prolongación de mi cañón.”

Cuando Kenneth empezó, aquella solución era lo bastante poco habitual como para llamar la atención, tanto en Suecia como en el extranjero.
“La gente miraba y se preguntaba qué era aquello.”
A él no le preocupó. Funcionaba, así que siguió utilizándola.
Hoy entrena con regularidad en el club de caza y tiro de Trelleborg junto a un grupo que se conoce desde hace mucho tiempo; varios de ellos compitieron anteriormente a alto nivel. Hoy en día, esas sesiones tienen tanto que ver con la camaradería como con los resultados: tiran, toman café y charlan un rato. Para Kenneth, ese entrenamiento no es solo preparación para la caza. Es un interés en sí mismo, una forma de mantener vivos los automatismos y de seguir desarrollándose como tirador.
“Hay que entrenar, pero cuando todo encaja, se siente natural.”
Después de casi 30 años, la conclusión es sencilla: Kenneth no eligió el punto rojo porque fuera nuevo o diferente. Lo eligió porque funcionaba, y esa sigue siendo la razón por la que continúa con él.






